La bodega de la Casa de la Torre Marco, Campo de Mirra
07 Ago 2025 La bodega de la Casa de la Torre Marco, Campo de Mirra
En el silencio y tranquilidad de las calles de Campo de Mirra, se guarda un secreto.
Un edificio antiguo, mal conservado y con una fachada desequilibrada, esconde historias de magnificencia y grandeza.
Y unos enormes toneles de vino.
Si no fuese por los muros que podemos ver por la calle Barranquet o por Arzobispo Ferrándiz – largos, de piedra, y de dimensiones considerables- no percibiríamos que esa casa podría esconder algo grande en su interior.
Y tanto… Se trata de la Casa de la Torre. De la Torre Marco. Y es que este conjunto esconde dentro de sí, una peculiar torre militar que fue desmochada y rodeada por suplementos edificativos que la cerraron a la vista en torno a una gran casa solariega que se ha conservado hasta hoy.
Hace falta quitar estos añadidos y años de historia, para poderla evocar en su grandeza.
Y entre estos añadidos, se encuentra una bodega y almazara que debió funcionar como parte de los bienes y patrimonio de la familia que la poseyó durante siglos. La familia Marco.
Hoy, estas instalaciones -después de ser declaradas como BIC en el año 2014- han sido adquiridas por el ayuntamiento de la localidad, cuyo objetivo es restaurarla y protegerla.
En nuestro caso aplaudimos esta actuación ejemplar y queremos colaborar en la recuperación de su memoria, pues su bodega es parte de la milenaria historia de los vinos de esta zona de producción. Más aún, cuando en los registros de la DOP Alicante (siglos XX y XXI), no se encuentran instalaciones en este municipio, aunque si viñedo.
Claro, estamos en el Alto Vinalopó¡. Y la presencia de casas con bodegas ha debido de ser una constante histórica, aunque la memoria de las mismas se ha deslavazado con los años.
Asi pudimos verlo por ejemplo, en la Casa Grande de Villena, donde hace en 2022 realizamos un acto de vendimia y pudimos valorar la dimensión e importancia de su bodega; o en casas modernistas de esta localidad, como Casa Balaguer; o recientemente con la bodega recuperada de Colección de Toneles Centenarios en La Cañada; y todavía quedan casas por toda la zona, como el Campet, fincas por Biar, Benexama, etc. que combinan tanto la tipología de casas solariegas como fortalezas, con torres defensivas en algunos casos, capillas y parte dedicada a la agricultura, con el aceite y el vino y otros frutales que no implican la existencia de cierta infraestructura de transformación. Gracias a esta, es por la que advertimos la presencia de esas bodegas normalmente familiares, pero también comerciantes.
(Podemos ver en el mapa adjunto de Joseph Tormo, de 1797 (Archivo Diputación de Valencia) el punteo de las huertas de Biar y Benexama y cómo se cita tanto esta casa, como otras de este inquietante entorno fronterizo).
El caso de la Torre Marco es interesante, pues nos sitúa posiblemente en el translado del núcleo urbano desde la cima de San Bartolomé – donde se halla el Castillo de Almizra- a la actual población entre los siglos XIV y XV. De esa época puede datarse el origen de la construcción como torre defensiva sobre la que dominar tanto las vistas desde Banyeres, a las de Biar, en ese interesante cruce de caminos que simboliza esta localidad.
Podría haber tenido 4 o 5 alturas y asemejarse a la “Font Bona” de Banyeres. Tiene unas dimensiones de 7.08 x 8,45 metros. Aunque en la actualidad está integrada en el caserío que presenta tres plantas con diferentes alturas entre sus naves. La parte superior queda abierta con una especie de naveta para secar frutas o guardar cereales. El conjunto fue protegido en el año 2014 por la Conselleria de Cultura como “edificio militar- agrícola o residencias fortificadas”.
A este original elemento se le fueron sumando construcciones para crear, con el paso del tiempo, un gran caserón con almacenes de uso animal y agrícola. En su parte sur se crea además un gran patio que queda más visible por la calle Barranquet con el gran muro de mampostería. Hoy quedan en el recuerdo el almacenaje de cajas de fruta que durante década fue un importante negocio en el valle.
La casa presenta en su parte delantera, una zona noble con habitaciones con baldosas hidráulicas del siglo XIX, pinturas en sus paredes, chimenea de mármol, restos del antiguo oratorio que denotan un uso burgués y delicado del espacio durante un tiempo. El oratorio es una interesante pista de su historia, pues ya se citan en ella ritos por el arzobispo de Valencia en 1758 para Gaspar Marco y en 1791 como casa del mayorazgo y bajo la advocación de la Sagrada Familia.
Incluso a mitad del siglo XX esta ala del espacio debió ser utilizado como lugar de reunión de Sindicato de Riegos del Valle.
En la parte norte del edificio es donde encontramos la nave de bodega. Y allí, en lo alto de su tejado se puede ver la fecha de 1794, fecha de la posible ampliación o reforma de este espacio.
Esta nave presenta una entrada de carruajes de tamaño importante, que daba paso también a las caballerizas. Al fondo, la nave de crianza, en la que encontramos hoy en día una quincena de viejos toneles alicantinos.
Imponentes. Silenciosos. Oscuros. Sobre travesaños de madera elevados del suelo. Con unas capacidades de 1.500 ó 1.700 litros. En algunos de ellos hay anotaciones de tiza con las entradas o salidas de vino. Y el tiempo paralizado allí.
Esa zona es la que ha sufrido la caída del techo, y en ese escenario, la impresión que nos dan esas botas, es la de grandes elefantes durmiendo en silencio. Junto a ellos, viejas zapatillas de esparto, escaleras de madera, prensas, instrumental variado y cubierto por esa capa de polvo y tiempo que nos gusta admirar, pero que pretendemos aclarar para recuperar.
Todo el recuerdo de un trabajo, un tiempo, un olor a vino, a uva fermentando antaño. Un olor a verdad.
La conservación de los toneles es mala. Se han salido muchos aros /sercols, las duelas están deformadas, los remaches sueltos. Pero es curioso ver que se guardaban cientos de duelas que la bodega recogía durante años. Algunas tapas llevan marcadas una “M” (quizás de la familia Marco?) Sería interesante buscar entre las tapas los sellos toneleros y resto de huellas que nos dieran más información.
Al fondo, una puerta nos conduce a una sala de fermentación – aquí mucho más destruida por quedar toda a la intemperie- y donde podemos adivinar dos puertas para la entrada de uva, hasta 3 cups subterráneos de diferentes capacidades y canaletas para reconducir el vino. También viejas prensas.
Nos queda la curiosidad de saber qué vinos se hacían alli y para qué; o si habian más toneles de otros tamaños que fueron destruidos, trasladados o expoliados, por lo que se quedaron alli únicamente los más pesados. Como en toda la zona, está claro que habría diversidad de ellos. Por supuesto, estamos en Alicante, con un predominio de tintos que guardar durante ciertas temporadas. Entre ellos, y por esas pipas, Fondillón. Y más en esa zona, de las más frías de la demarcación, con el rio Vinalopó discurriendo por su centro.
Seguramente la familia lo usara como consumo propio; pero por la gran dimensión de todo el caserío, habría un carácter más comercial con sus diferentes cultivos, en especial los citados vino, aceite y frutas.
Una historia por descubrir. Una casa y patrimonio por recuperar, lleno de interés y de nueva información para catar. Una de las muchas historias de los Vinos Alicante DOP que nos lleva de nuevo al interior de la provincia, a una zona marcada por la historia, cruce de caminos y de paz. A un cultivo que aportó riqueza y patrimonio. A una historia de supervivencia en una zona donde sabemos vivir.
El objetivo del ayuntamiento de Campo de Mirra es el de recuperar el edificio, restaurarlo por fases y convertirlo en un espacio que hable del vino y de patrimonio en este rincón del Vinalopó Alto. Por lo que nos felicitamos de este hecho y compartimos esta información como parte de nuestra labor de recuperación patrimonial. Todo un ejemplo en nuestra comunidad.