Bodegas Faelo

La artesanía, tradición y familiaridad de Bodegas Faelo

La artesanía, tradición y familiaridad de Bodegas Faelo

Por Iza Święcicka

Jaime Soto
(Elche, 1976), es heredero de Bodegas Faelo en Matola (Elche), un lugar que a finales del siglo XIX era muy conocido por sus vinos, y un enólogo autodidacta. Compagina su trabajo en el calzado con las labores en la bodega. En Faelo, aplica toda la sabiduría que su familia le ha transmitido en más de un siglo de historia. Su máxima preocupación es aumentar la calidad de sus vinos de manera natural, sin obsesionarse en la producción. Artesanía, tradición y familiaridad definen su trabajo.

P: Usted es la cuarta generación de su familia que hace vino en esta bodega.

La casa centenaria donde se emplaza la bodega la construyó mi bisabuelo y, en ella, mi abuelo comenzó a elaborar vinos. En aquella época era típico, en el campo de Elche, tener una pequeña bodega para la venta a granel. En el año 2000, comencé a formarme en el mundo del vino embotellado y, cinco años después, decidí adaptar la bodega. Tuve que modificar los viñedos, las variedades y el tipo de fermentación, pero conservé la artesanía familiar.

En 2012, la bodega entró en la Denominación de Origen (DO) Alicante. ¿Qué le motivó a hacerlo?

Somos una bodega joven y artesanal, que gracias ello ha obtenido un valor añadido. Siempre es más sencillo introducir un producto en el mercado, si está respaldado. Estar avalados por esta marca representa un sello de calidad que apoya nuestros vinos y ofrece una garantía para el cliente final.

P: ¿Qué clase de formación enológica ha recibido?

Desde pequeño siempre he estado con mi familia pisando uva para hacer vino por lo que puedo decir que soy autodidacta. No soy enólogo y los conocimientos que me transmitieron mis abuelos son los que aplico en la viña. Hoy en día, esta forma de actuar se conoce como biodinámica. Es decir, respetar la naturaleza con remedios naturales para combatir las plagas y cumpliendo las estacionalidades de la luna para podar, vendimiar y hacer los trasiegos de la uva.

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P: ¿La luna realmente afecta a la vid y a sus productos?

El vino es un líquido y, por tanto, reacciona como tal. Al igual que la luna provoca las mareas por su atracción, el vino se ve afectado del mismo modo. Antiguamente la gente del campo aplicaba estas técnicas al viñedo pero no sabían el motivo. Hoy en día se sabe que la luna llena somete a mayor atracción a la tierra y este fenómeno sirve para realizar determinados trabajos en la viña y en la bodega.

P: ¿En qué se basa para elaborar cada nuevo vino? 

En la vida todo son pasos. Si uno se equivoca, vuelve atrás y cambia. En Bodegas Faelo no imponemos, como hacer las cosas, sino que vamos descubriendo como hacer la preparación. Nuestro viñedo es experimental. Plantamos diferentes variedades de uva y vemos como se adapta. Después de todos los ensayos, fijamos la línea que seguiremos y que debe investigarse. La primera idea de un vino quizás empiece por una variedad que no se parece en nada a la que finalmente se emplea.

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P: ¿Con qué variedades de uva trabaja actualmente la bodega?

Aparte de la Monastrell que ya empelaban mis abuelos, hay otras variedades: Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Moscatel, Chardonnay y Syrah. El rosado se hace cien por cien Syrah y el blanco dulce La Palma Blanca con Moscatel. El año pasado se presentó una nueva referencia, L’Alba del Mar, que está elaborada con Chardonnay.

P: ¿En qué se diferencia la Monastrell cultivada en Matola de las viñas del interior de la provincia?  

El sabor de esta zona varía mucho respecto de la del interior. Sobre todo por el tema de la altitud. A pesar de ser el mismo clima mediterráneo, cuanto más alto están los viñedos, por la noche refresca más. Esa amplitud térmica hace que varíe mucho el sabor. La Monastrell de Elche tiene un toque mayor a fruta madura que la del interior.

P: Hay algunas bodegas que están apostando por el valor diferencial de esta variedad, ¿qué opina de esa elección?

La Monastrell es nuestra uva y tenemos que defenderla. Hasta hace poco, un vino cien por cien Monastrell era algo rudo para el consumidor final. Sin embargo, hoy en día con las nuevas técnicas de fermentación, la crianza en barricas nuevas y su menor crianza, se están obteniendo vinos de alta calidad, con una elaboración más fresca, para adaptar el vino al gusto del consumidor. Hay que apostar por ello, al igual que Rioja o Ribera del Duero apuestan por su Tempranillo.

P: ¿Con qué nueva referencia nos va a sorprender las bodegas Faelo? 

Tenemos varios proyectos en marcha pero sin tener muy claro el enfoque que le vamos a dar. De momento, vamos a hacer una prueba de un monovarietal de Monastrell cien por cien, con muy poca crianza. Pero hay que dejar pasar el tiempo para ver en que acaba todo.

P: ¿Cómo surgió la idea de poner oro en La Palma Blanca? 

Todas las navidades la familia se reúne en la bodega para celebrar la Nochebuena, salvo un familiar que vive en León. Cuando un año confirmó que venía, se nos ocurrió hacer algo especial. Un amigo pastelero habitualmente emplea oro en sus creaciones y pensé usarlo en nuestro vino dulce. El resultado entusiasmo a la familia y se propuso sacar una edición de vino con oro. En 2009, la bodega recibió varios premios, entre ellos el Zarcillo de Plata, la medalla de oro de la Asociación de Sumilleres de Hong Kong y el Arribe de Plata. Además, fue muy bien valorado en la guía Peñín.

P: La bodega, en su vertiente comercial, cuenta tan solo con 8 años de vida, ¿cómo se planteó salir a los mercados exteriores?

A menudo recibimos visitas guiadas y observamos que a los extranjeros les encandilaban nuestros vinos. A raíz de eso, contactamos con una agencia comercial internacional y desde entonces se encarga de distribuir nuestros vinos en distintos países. No exportamos grandes cantidades, porque tan solo elaboramos, entre blanco, dulce, rosado y tinto,  unas 10.000. Sin embargo, con la crisis la venta nacional ha descendido, pero las ventas se han compensado con la exportación.

P: Los nombres de sus vinos están conectados con la cultura ilicitana. ¿Cuál es el motivo?

Elche no tiene tradición de vinos. Para que la gente sitúe nuestros productos, queríamos nombres muy arraigados como una apuesta por nuestras tradiciones.  Al igual que Vins del Comtat utiliza el nombre de las sierras Penya Cadiella y Maigmó para situarse. En Elche, no hay montes, pero están la Dama y la palma blanca.

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P: ¿Y qué ocurre con L’Alba? 

Mucha gente piensa que el nombre de esta referencia tiene que ver con la Nit de l’Albà, pero no lo es. Se llaman así porque los racimos para su elaboración se recolectan al amanecer, al alba. La uva se recoge del viñedo y se pisa en el mismo momento, cuando aún está muy fresca, aportando esa cualidad a los vinos.

P: Sus vinos evolucionan con la bodega. Carmen Ros, sumiller internacional de La Posada en Torrellano, opina que la nueva elaboración de La Dama ha mejorado mucho. ¿En qué ha cambiado este vino?

Nuestra meta es aumentar la calidad de nuestros productos. En cinco añadas los viñedos han crecido y ya no tienen la fogosidad de antes. Además, la elaboración ha cambiado. Ahora trabajamos con equipos de refrigeración y fermentamos a temperatura controlada. Lógicamente La Dama tiene una calidad superior año tras año. Pero es que las variedades que lo componen han sufrido una continua evolución. La primera añada era Tempranillo y Monastrell. La última, Monastrell, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot.

P: Con un viñedo tan silvestre como el que tiene la bodega ¿por qué no tienen certificación ecológica?

La agricultura ecológica está muy bien, pero prefiero la natural. Respetar el medio ambiente y trabajar a gusto, sin implantar una forma de trabajo concreta. Es nuestra apuesta. Hacer un ambiente agradable, con flores y plantas. El viñedo es un jardín que hay que cuidar por medios naturales. Forzarlo a ser ecológico en una zona donde es complicado implantarlo es contraproducente.

P: Son una de las pocas bodegas de la provincia que organiza una fiesta de la vendimia.

Mis abuelos y mis padres juntaban a la familia para ayudar a recoger la uva y pisarla. Durante esos días todos comíamos y cenábamos juntos en la bodega. Queríamos recordar esa celebración y abrirla no solo a los familiares, sino a todo aquel que quisiera compartir la vendimia con nosotros. El último día de vendimia ofrecemos a la gente la experiencia de pisar uva como se hacía antiguamente. También les damos a degustar vinos y  productos típicos del campo de Elche como la coca salada o la de verduras.

P: ¿Cómo surgió la idea de abrir la bodega para el público?

Me gusta pensar que somos una bodega viva y queremos que la gente la disfrute. Por eso, cada sábado abrimos las puertas al público. De esta forma pueden gozar de un día de campo en una bodega. Pasear por el viñedo, por las instalaciones y ver nuestro trabajo. Al ser un negocio familiar tienes que abrir las puertas de tu casa a todos. Además, hay visitas guiadas con degustación de vinos. Siempre estamos en continuo movimiento.

P: ¿Tiene alguna pasión más aparte de la bodega?

Tengo suerte porque mis dos hobbies favoritos van unidos. Disfruto con la familia y con la bodega. Esta circunstancia, al final, se nota en los vinos y en la forma de trabajar el viñedo. El motivo, saber lo que se quiere.

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